INTELIGENCIA
ECOLÓGICA
Carlos Mendoza
Con el paso de los años, el ser humano ha estado
tomando decisiones individuales para su supervivencia, sin pensar en el impacto
de estas sobre los ecosistemas. Los actos rutinarios de la vida cotidiana están
por completo desconectados de los
efectos adversos que
ocasionan a nuestro planeta tierra.
Inteligencia Ecológica es, sin duda, un paradigma para la
gerencia venezolana del siglo XXI acuñada por el períodista cientifico y
psicologo estadounidense Daniel Goleman en el año 2009, que revela las
consecuencias ocultas, pero terriblemente tangibles, de los productos que se
producen o se compran, además provee del conocimiento necesario que pueden
generar los cambios esenciales y urgentes para salvar la vida en el planeta.
En este sentido la inteligencia ecológica manifiesta el
espejismo verde de los productos marcados como amigables al ambiente y que
tienen un costo oculto que se suelen ignorar.
Desde la extracción de la materia prima, siguiendo con la
fabricación, el transporte y finalmente el desecho, en la elaboración de un
determinado producto, se generan químicos tóxicos que perjudican la salud de
los seres humanos y la basura irremediablemente contamina a la tierra.
Muchas personas como consumidores, no saben de los impactos
ocultos en bienes y servicios que adquieren, víctimas de un cerco de
desinformación sobre efectos adversos al ambiente de producir, transportar,
empaquetar, distribuir y desechar. El desconocimiento y falta de indagación, de
consumidores los hace cómplices de empresas y comercios que prefieren evadir su
responsabilidad ambiental antes que asumir los costos que esto implica.
Así que se transfieren el importe a futuras generaciones. Es
por ello que los consumidores tomando conciencia de las decisiones al momento
de comprar un determinado producto, podrá contribuir al cambio de poder entre
el comprador y el vendedor, con una nueva generación de tecnología que informa
de los hechos ecológicos de productos en el punto de venta.
Es por ello, que los productos tendrán un precio ecológico y
las empresas rivalizarán por reducirlo para atraer al consumidor compasivo,
aquel que ha decidido alinear sus valores con sus bolivares.
Todos los actos de producir un determinado producto tienen
un impacto en el medio ambiente que conducen a dañarlo o protegerlo, es aquí
donde el desarrollo sustentable está marcando el rumbo de las nuevas formas de
relacionarse el hombre, la producción y el medio ambiente, que conlleva un
cambio de actitud para la conservación ambiental, y a la toma de conciencia
para generar alternativas a los problemas ambientales.
Hoy
día la población tiene a su disposición un sinfín de fuentes de información que
pueden servir para abrir los ojos sobre la conveniencia de unos u otros
productos en función de sus componentes químicos, su huella de carbono u otros
elementos que sean relevantes para cuidar del entorno y la salud.
Ante esta situación,
la inteligencia ecológica es por tanto ese cambio de mentalidad que lleva a
reducir el consumo de los recursos naturales por medio de prácticas adecuadas.
Una actitud responsable que permite vivir dañando en menor medida el entorno,
ya que como promulga este razonamiento, preocuparse por el bienestar de la
naturaleza es invertir en el bienestar propio.
Al respecto, Goleman
(2009), expresa que podríamos llamar inteligencia ecológica como:
La capacidad de adaptarnos
a nuestro nicho ecológico. Inteligencia se refiere a la capacidad de aprender
de la experiencia y de tratar en forma eficaz nuestro medio ambiente, y el
término ecológico se refiere al conocimiento de los organismos y sus
ecosistemas. La inteligencia ecológica nos permite aplicar lo que aprendemos
sobre cómo la actividad humana intefiere en los ecosistemas, de tal modo que
hagamos el menor daño posible y podamos vivir nuevamente de manera sustentable
en nuestro nidcho, que en la actualidad es todo el planeta. (p.50).
Por lo tanto, la
inteligencia ecológica, es la capacidad de vivir tratando de dañar lo menos
posible a la naturaleza. Consiste en comprender qué consecuencias tienen sobre
el medio ambiente las decisiones que toman en día a día e intentar, en la
medida de lo posible, elegir las más beneficiosas para la salud del planeta.
En este aspecto, para
los consumidores, es la llave que
permite inclinar la balanza del mercado hacia la adquisición de ingredientes,
técnologias y diseños que respeten los valores humanos y la ecológica.
Para las empresas,
significa modificar los procesos industriales teniendo en cuenta sus
consecuencias en el medio ambiente.
En consecuencia, se
hace necesario regresar a una cosmovisión de la naturaleza como madre tierra
sagrada para los seres humanos, es decir, los seres humanos en vez de seguir
manteniendo una actitud hostil contra nuestro nicho, que es nuestro planeta,
debe aprender a mantener un equilibrio
armónico con su entorno y comprender que forma parte de la naturaleza y
por lo tanto debe protegerla para el y para la generaciones futuras.
En este orden de
ideas, se hace necesario una reconstrucción del mundo a partir de la relación
hombre y naturaleza.
En este sentido, el
filosofo Habermas (1992), en base de la teoría de la acción comunicativa, hace
una propuesta que parte del encuentro dialógico en el mundo de la vida, en ella
abre la posibilidad de partir de la ecología y de los problemas medio
ambientales imponer un nuevo estado de conciencia en la humanidad,
caracterizado por la benevolencia, la sensibilidad, la solidaridad, la
cooperación y la responsabilidad de los seres humanos, hacia la tierra y hacia la necesidad de conservación.
Habermas replantea
la concepción del mundo de la vida y explica,
que, sólo a partir de la identificación y asimilación de ese mundo,
puede ser posible el encuentro dialógico de las ciencias, las tecnologias y estas
con los elementos transracionales como es el caso de los mitos, que por su
origen fundacional, establecen y explican la relación armónica entre el hombre
y la naturaleza o sus orígenes, en cualquier comunidad.
Referencias
Goleman,
D. (2009). Inteligencia Ecológica. Editorial Kairos. D.R. Ediciones B, S.A,
México, Distrito Federal, Primera Edición.

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